Edgar Plans

La verdad, si algo puedo poner seguro en mi trayectoria es que he nacido en 1977 en Madrid. Si se me pregunta cuando he empezado a pintar, no lo sé, y mucho menos el por qué. Puedo decir cómo y dónde, mediante lápices y ceras allá en todas las paredes que me rodeaban, fueran las de mi casa en Majadahonda, las de la guardería o los suelos de la calle. El cuando no lo sé porque en mi casa, en mi familia, siempre se ha respetado y convivido con el mundo creativo. Ya de muy niño tengo grabado en mi memoria el amartillar de las teclas de la máquina de escribir de mi padre. En su estudio tenía una mesa baja con asientos, cuatro, y alrededor de ella, mientras él escribía yo me acuerdo de dibujar junto a mis hermanos.

En mi familia nunca se me han puesto impedimentos para poder dibujar y pintar. Mucho menos si me quería formar. Al llegar con mi familia a vivir a Gijón, en 1985, me apuntaron a clases de dibujo y pintura, no por que yo quisiera, sino porque quería mi hermana y yo tenía que ir con ella para tenernos juntos. Y es que desde pequeño nunca me gustó que me dijeran lo que tenía que pintar. Me gustaba mucho pintar comics, pequeñas historietas y no bodegones o figuras de yeso al carboncillo. Poco estuve allí.

No fue hasta los 15 años cuando tuve la necesidad de aprender más. No sé el por qué pero dentro de mi había inquietud por saber cierta disciplina o técnica. Fue cuando en el taller de José María Ramos aprendí a dar forma y saber expresar lo que quería mediante la pintura y el dibujo.

Tras dos años en el taller vi que necesitaba no tener unos ojos detrás de mi para enderezarme o guiarme en mis fallos, sino la necesidad de estar yo sólo ante mis obras y buscar las vías para corregirlos. Alquilé una habitación en un estudio de artistas – el piso había sido el estudio de Nicanor Piñole, un importante pintor asturiano – y en aquella buardilla comencé mi andadura personal.

A día de hoy tengo mi propio estudio y sigo buscándome día a día, entre mis fallos y aciertos.

Edgar Plans