Del 4 de septiembre al 10 de octubre de 2026
Inauguración: viernes 4 de septiembre, 20:00h
En las esculturas de Amancio González (Villahibiera de Rueda, León, 1965), el cuerpo parece encontrarse siempre al borde de su propia transformación. Algo permanece, pero algo también se ha desplazado
Siglo y medio después de los experimentos visuales de Eadweard Muybridge, Amancio González continúa investigando el movimiento a través de diferentes figuras zoomórficas que son ahora uno de los ejes de su composición. El otro, como viene siendo habitual, está formado por elementos geométricos. De esta manera, nos introduce en un juego en el que lo orgánico y lo inorgánico se complementan. Cubos, prismas y todo tipo de volúmenes abstractos rompen y reconfiguran la idea que teníamos del caballo, pero también de algunos de los representantes de la esfera celeste. El artista nos obliga a completar la imagen en nuestra cabeza al tiempo que refuerza la gracia motriz del corcel, que es siempre el mismo. Uno de ellos, encabritado, se aleja del que hizo Edgar Degas, pues es la propia geometría la que, al cortarlo, lo enloquece. Otros, si bien menos retorcidos, igualmente ganan dinamismo con esta interpretación al avanzar hacia el campo expandido
Amancio no es el inventor de esta fisionomías, pero ¿qué sentido tendría que lo fuese cuando las representaciones de estos cuerpos llevan entre nosotros desde la Antigüedad? Durante los últimos siglos han sido muchos lo que han dado vueltas desde distintas perspectivas a las constelaciones, como Ptolomeo, Mercator o Hevelius. El artista ha encontrado en ellos el punto de partida de una nueva etapa en la que continúa aportando esculturas, como dijo Antonio Gamoneda, que contienen un realismo amplificado y encierran una terrible clausura existencial
Texto y diseño gráfico: María Pérez Fernández