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El elogio a la locura de David Colinas en la galería Ármaga

David Colinas junto a una de sus obras, en la galería Ármaga. Fotografía: Camino Sayago.

DAVID COLINAS/ COLINAS DE LA LOCURA

La galería Ármaga (C/Alfonso V, nº 6) inaugura este viernes 21 de junio a las 19:00 horas“Colinas de la locura”, de David Colinas. Una exposición que reúne la pintura más reciente del artista leonés, en la que vuelca con decisión su personal universo iconográfico con la gestualidad y la explosión de color que la distingue. Se podrá visitar hasta el 27 de julio.

Por CAMINO SAYAGO

David Colinas (León, 1962) regresa de nuevo a León, y a un espacio que conoce bien, la galería Ármaga. Durante todo el invierno, en La Muela, pedanía de Vejer de la Frontera (Cádiz) donde tiene su residencia, ha preparado esta nueva individual a la que llega acompañado de catorce pinturas sobre tela y papel, y algunas en gran formato. Allí, en la soledad de su estudio, con idas y venidas finalizando y aparcando obras y, sin influencias externas que contaminen su proceso creativo, ha dejado que saltasen al lienzo sus locuras. Dice que han salido solas, de forma intuitiva, casi en un estado de trance: “Estas son mis locuras, mis colinas de la locura. Me he sentido más libre que nunca pintando. Me he soltado del todo y no me he puesto trabas”.

Con anterioridad fueron las “Colinas de Sal”, en las que reflejó las salinas de Puerto Real. Más tarde, en Fabero, las “Colinas de Carbón” y posteriormente “Colinas de agua”. Ahora su apellido vuelve a estar asociado a las “colinas” de un nuevo tiempo que continúa apuntalado por el expresionismo abstracto y la pintura automática. “Colinas de la locura” que emergen del caos armónico con el que construye un mundo propio. Asegura que siempre se había situado en la posición del espectador, tenía dudas sobre si su obra funcionaría o no, pero preparando esta exposición lo ha tenido claro: “no es que marque una nueva etapa en mi pintura, porque hay una continuidad, sino que da paso a una nueva consciencia. Me he dado cuenta de que al final eres tú -sale de dentro, de las vísceras-, y me siento identificado con lo que hago. Esta exposición me ha quitado los miedos”.

Azul, amarillo, rojo, verde, blanco y negro. Son los cinco colores básicos con los que consigue la explosión cromática de su pintura, trasladada a unas telas sin imprimación. Una peculiaridad que se extiende a todos los soportes que utiliza, generalmente materiales pobres y reciclados, como el cartón, el papel e incluso humildes bayetas. “Me gustan los juegos de luz y color que se forman en la tela sin imprimación. Es muy diferente y encaja con mi modo de trabajar”. A ello se añade la supremacía del gesto, modulado por la improvisación y el estado emocional que le proporciona ese arrebato de impulso: “generalmente trabajo de noche y con luz artificial. Me atrae esa sensación en la que pinto lo que surge, lo que me da la gana. Es como una terapia”. Todo un elogio de la locura, como reza el título de una de las obras expuestas.

Imagen del proceso de montaje de la exposición, con las pinturas aún sin bastidores.

Gran formato

La irrupción del gran formato ha tomado carta de presentación en esta muestra. Es la primera vez que desembarca en este espacio con obra de grandes dimensiones, apta para colgar de sus paredes tras la reestructuración de la galería. Un tamaño en el que conviven sin estrecheces el animalario que conjuga su universo iconográfico – escarabajos, moscas, lagartos, gatos, salamandras, perros, elefantes- con otros signos y símbolos -cruces, círculos, líneas, grafías- y personajes no muy definidos, figuras humanas que se intuyen. Todos ellos, elementos que junto al color otorgan una gran potencia visual a su pintura.

Colinas de la locura. David Colinas. Galería Ármaga.

En otra ocasión, en una entrevista que le hice para esta misma revista, Colinas enfatizaba que la principal fuente de su pintura era el neoexpresionismo. Y así lo explicaba. “Es el gesto, el trazo de una aparente pintura automática que de automática no tiene nada. Hace poco me comentaban que para ser el pintor del caos quería controlar absolutamente todo. Es cierto, el caos es absolutamente controlado y organizado, no es azar, es impulso siempre bajo control”. Y añadía que esperaba dejar de controlar algún día, para comprender el sentido de la pintura. Ese día ha llegado. Aunque aún se percibe el aliento de algunos de los grandes del expresionismo americano, como Jackson Pollock y de Willem de Kooning, su pintura cada vez tiene menos ataduras y está viva, muy viva: “Tiene mucha vida, mi pintura invita al espectador a disfrutar, a sentir que estás vivo, contento. Y también a volver a la infancia, a ser niño y hacer lo que quieres sin pautas, con espontaneidad. Es muy lúdica”. 

Además de la exposición en Ármaga, que permanecerá hasta el 27 de julio, su obra también se exhibe en el restaurante Clandestino Gastrobar (C/ Cervantes, León), donde ha llevado varias piezas. Otra oportunidad para conocer su trabajo fuera del circuito expositivo habitual.

Una pintura de David Colinas cuelga de las paredes del Clandestino, junto a una escultura de Amancio.

:: Sobre David Colinas

David Colinas (León, 1962) estudió Ciencias de la Información, rama de Publicidad, en la Complutense de Madrid. En los años 80 expuso por cafés y galerías alternativas de León, Madrid y Sevilla. Su primera experiencia internacional le llegó con la participación en la feria Kunstrai en Amsterdam, con la galería leonesa Sardón.

Tras licenciarse en Publicidad montó en Madrid, con un amigo arquitecto, el “Grupo COMA” de diseño gráfico, diseño industrial y producción de mobiliario, realizando exposiciones de muebles y objetos en Milán, Barcelona, Murcia y León (aquí, concretamente, en Maese Nicolás, la galería de Jaime Quindós que tuvo su apogeo en los 80). Aquello fue solo una etapa en su vida, después de la cual se dedicó a la producción publicitaria. Más tarde montó una nueva sociedad, “DC Madrid”, dedicada al diseño, producción y comercialización de alfombras. Cuando llegó la crisis post “Expo 92” tuvo que cerrar esta empresa, después de tres años de aventura y muchos impagos. Apostó entonces por dedicarse en exclusiva a la pintura, que en todos esos años había seguido compaginando con su trabajo profesional. Así que en plena crisis de los 90 monta estudio en Madrid y ficha por la galería Isabel Ignacio, en Sevilla, con la que participa en algunas ferias nacionales e internacionales. Vuelve a exponer sus obras, no solo en Sevilla, también en otras galerías de Jaén, Cáceres, Santander, Málaga… Pero la economía no estaba muy boyante, y decide volver a León, donde tiene estudio. Trabaja y organiza actividades con César, de la Cueva del Túnel, en Valdevimbre; continúa también pintando y manteniendo su relación con la galería Isabel Ignacio.

Con la llegada del 2000, le toca superar una nueva crisis, la del “cambio de milenio”. Cansado de intentar sobrevivir en el mundo del arte, lo deja todo y decide marchar otra vez a Madrid, a buscar un trabajo que le permita vivir dignamente. Inicia una etapa de casi tres lustros, en la que prácticamente deja de pintar. No abandona el mundo del arte, aunque su relación con él sea más como espectador. De vez en cuando hace algo esporádico, alguna pintura, alguna colaboración en una muestra… poco más.

Pero, como mismo él dice, “el arte se lleva dentro y nunca muere”. Hace unos años el destino le llevó a Cádiz, donde reside en la actualidad y donde se gana la vida en el campo del turismo. Con una situación económica más desahogada, y tiempo para pintar, ha montado estudio en Vejer de la Frontera. “Estoy viviendo una nueva etapa muy interesante, muy tranquila y con muchas ganas de pintar. Ahora ya sin agobios”.

Reproducimos a continuación el texto que JCPajares ha escrito para la invitación a la inauguración de la exposición.  

“En el principio, contra la nada, fueron revelados los pigmentos, disgregando lo que iba a ser luz de lo que permanecería oculto y, así, fueron proclamándose fluidos, hielos, rocas y planetas, mucho antes de las bestias, las flores, los insectos, los cuerpos, la hojarasca. Se escucha en la noche el rumor de una plegaria cósmica: grafito, hematita, cinabrio, olivino, amatista, caolín. La forma no es sino una deriva caótica e imperfecta de lo esencial. Nada hay más subversivo que volver”.

Artículo publicado por Camino Sayago en TamTamPress

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