Pedro Castrortega

Pedro Castrortega,
el sueño imaginario de un realista místico

Por AMALIA GARCÍA RUBÍ

En una de sus Metamorfosis, Ovidio cuenta que Coronis, hija del ilustre rey de Fócida, Coroneo y esposa de Febo, fue transformada en corneja por el dios del mar a causa de su adulterio con un joven de Hemonia. Como ocurre con todos los episodios de metamorfosis míticas, lo más visionario del intrincado relato es la descripción de la mutación: “…Los brazos comenzaron a ennegrecerse con suaves plumas. Yo intentaba quitarme el vestido de mis hombros, pero éste era el plumaje que había echado hondas raíces en mi piel…”

En otro pasaje de los muchos que conforman sus XV libros, y quizá uno de los más conocidos, Ovidio narra la épica Apoteosis de Hércules, tras vencer al poderoso y destructivo fuego (Vulcano), última y grandiosa victoria de sus hazañas que culminará con la conversión del semidios en una constelación: El padre (Júpiter), llevándoselo en un carro de cuatro caballos, lo colocó en medio de las radiantes estrellas.

Podríamos citar muchas otras metamorfosis, a cual más sorprendente y alucinatoria, pero nos bastan tan solo dos ejemplos para introducir a un artista que desde siempre se ha sentido atraído por la mitología. Pedro Castrortega ama la poesía épica y la mística porque en ellas encuentra la esencia misma de nuestro pensamiento occidental menos pragmático y más espiritual. Por eso viaja a las entrañas del mundo, sin temor a ser engullido por las negras tierras infernales que canes cerveros custodian día y noche; se atreve a desafi ar los laberintos habitados por minotauros y ariadnas, vistiendo las pieles de Teseo, y se zambulle desnudo en las cálidas aguas egeas cuyos paisajes de bosques sumergidos fueron en otro tiempo habitados por las nereidas. Por eso alza el vuelo más allá, a la altura de nubes y faetones surcados por osados e inexpertos ícaros. Y después de la aventura emprendida, nos coge de la mano para compartir y ofrecernos sus espacios de múltiples caras, sus lugares poliédricos poblados de pacífi cos o voraces seres animales y humanos; seres de una belleza monstruosa sumidos en sueños sagrados. Y vuelve a la superfi cie glauca y nos espera para emprender nuevas y aún más fascinantes inmersiones en sus mares de plata. Miramos a través de estas imágenes delicadamente pintadas, dibujadas sin doblez, sinceras hasta la más cristalina honestidad expresiva, y Pedro Castrortega nos sorprende de pronto soñando ante ellas otros mundos posibles. Queremos buscar también en el alma dormida del mortal, del asceta o del héroe, los prodigios de un arte que emociona porque nos sabe hablar con total conciliación de lo recóndito, explorando nuestro espíritu desde lo hondo.

Pedro Castrortega - VENTA

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